Aunque estaba lloviendo,  también el cazador salió ese día al campo muy temprano.  No le acompañaba en esta ocasión su fiel mastín, ni la escopeta, ni el viento, que permanecía en una calma casi asfixiante.

            Ni la sombra de un águila.

            Ni el aullido de un lobo.

            Ni siquiera un negro grajo.

            Paz.

            Mucha paz.

            Paz bajo los cielos aún oscuros.

            Soledad.

            Llovía incesantemente desde que el otoño trajo las nubes y con ellas el agua.

            Y con ellas la eterna canción de la floresta, el incansable "tam, tam" de millones de gruesas gotas que golpeaban contra una ancha hoja, se deslizaban por ella, caían al vacío, golpeaban contra otra hoja, se deslizaban por ella y volvían a precipitarse, una vez más, al vacío, y así, a lo largo del cuerpo de los árboles,  podían verse interrumpidas infinidad de veces en su camino hacia el fangoso suelo.

            Cada pequeño golpe hubiera sido apenas perceptible, pero la orquesta en pleno, la mayor de las orquestas conocidas, ensordecía hasta a las bestias. El negro cielo seguía escupiendo agua.

            Agua.

            Y agua.

            Y más agua.

            En el río.

            En el fango.

            Y en el aire.

            Agua en la piel, y en la carne, y en los huesos.

            Y en el alma.

            Sus recuerdos le habían hecho olvidar que avanzaba a través de las tinieblas y, al abrigo de un olmo, decidió esperar la llegada, ya cercana, del amanecer.

            Sus pensamientos dieron tiempo al alba de acicalarse.

            El alba, como una mujer,  había concluido de engalanarse y se disponía a hacer una vez más su espectacular irrupción en escena.

            El alba jamás se cansa de su hermosura, a pesar de que tiene que mostrarla  en todos los lugares del planeta.

            Día tras día, segundo a segundo, sobre los mares, las montañas, las selvas, los hielos o los desiertos, el alba se muestra una y otra vez prometedora y radiante, puesto que sabe, desde el comienzo de los tiempos, que millones de seres vivientes aguardan su presencia.

            El alba hace huir a las legiones de su eterna enemiga, las tinieblas. Con excepción de los depredadores de la noche, todas las criaturas temen a esas tinieblas al tiempo que aman el calor y la vida que les trae el alba.

            Paró de llover.

            Después, la primera claridad del día llegó sin ser vista.

            La obertura, siempre a cargo de millones de trinos, inició sus compases.

            Por detrás de las nubes, una mancha rojiza rasgó, como una firma, el horizonte.

           

 

El cielo fue tomando forma a la par que emergían de las tinieblas las lejanas montañas.

           

            Una bandada de grullas cruzó el cielo.

            Se dirigían al sur.

            Extasiado, asistía al hermoso regalo que el amanecer le estaba ofreciendo, y sin darse cuenta le dio, a gritos, gracias a Dios por permitirle estar allí, contemplando semejantes maravillas.

            De pronto, escuchó que algo se movía entre los árboles.

            Antes de que pudiera darse cuenta de lo que ocurría, un enorme león apareció ante él y, lanzando un estremecedor rugido, se dispuso para abalanzarse sobre su presa con el ánimo de engullirla en ese mismo momento.

            En décimas de segundo, el cazador lo entendió todo. Era la fiera que el día anterior había escapado del circo que visitaba la población y cuya búsqueda se suspendió al llegar la noche.

            Viéndose perdido, cayó de rodillas ante las fauces del animal, y con las manos entrelazadas en su pecho, lanzó al Cielo un grito de súplica.

            -¡Señor! ¡Infunde a esta bestia algún sentimiento cristiano!

            El león quedó inmóvil ante el cazador. Su mirada, dirigida ahora a ninguna parte, se tornó dulce y compasiva. Dio un paso hacia atrás, se recostó sobre sus cuartos traseros y, levantando la pata delantera derecha, se santiguó, al tiempo que decía con voz dulce y acompasada:

            -Bendice, Señor, estos alimentos que voy a tomar.

                                                                                                                                     MAFG

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Comentario por Vicen Montesinos el febrero 6, 2014 a las 9:53pm

Bueno... y de donde lo has sacado?

Comentario por Vicen Montesinos el febrero 5, 2014 a las 9:48pm

jjjjjjj, de donde has sacado eso?.......vaya humor, pero que genial!!!!.

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